2015 THE BIG SHORT

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

The Big Short es una comedia de humor negro que retrata cómo un puñado de personas se beneficiaron económicamente al darse cuenta de que el cinismo, la avaricia y la deshonestidad de los banqueros estadounidenses estaba conduciendo a la peor crisis económica de la historia, incluso mayor que la Gran Depresión de 1929. La trama se estructura a partir de tres historias paralelas sobre la crisis financiera sufrida en Estados Unidos que comenzó en 2007 y se extendió hasta 2010, teniendo como el punto de mayor tensión el 15 de septiembre de 2008, cuando el banco de inversión, Lehman Brothers, se declaró en quiebra.

 

 

Tres años antes de la crisis mundial del 2008 originada por las hipotecas subprime que hundió prácticamente el sistema financiero global, cuatro tipos fuera del sistema fueron los únicos que vislumbraron que todo el mercado hipotecario iba a quebrar. Decidieron entonces hacer algo insólito: apostar contra el mercado de la vivienda a la baja, en contra de cualquier criterio lógico en aquella época... Adaptación del libro “La gran apuesta” de Michael Lewis, que reflexiona sobre la quiebra del sector inmobiliario norteamericano que originó la crisis económica mundial en 2008. (FILMAFFINITY)
Premios
Premios
2015: Premios Oscar: Mejor guión adaptado. 5 nominaciones inc. mejor película
2015: Globos de Oro: 4 nominaciones incluyendo mejor película comedia o musical
2015: Premios BAFTA: Mejor guión adaptado
2015: American Film Institute (AFI): Top 10 - Mejores películas del año
2015: National Board Review (NBR): Mejor reparto
2015: Critics Choice Awards: Mejor comedia, actor comedia (Bale) y guión adaptado
2015: Críticos de Los Angeles: Mejor montaje
2015: Sindicato de Productores (PGA): Mejor película
2015: Sindicato de Directores (DGA): Nominada a mejor director
2015: Sindicato de Actores (SAG): Nominada a mejor reparto y actor sec. (Bale)
2015: Sindicato de Guionistas (WGA): Mejor guión adaptado
2015: Satellite Awards: Mejor actor de reparto (Christian Bale). 2 nominaciones
2015: Asociación de Críticos de Chicago: Mejor guión adaptado. 3 nominaciones

 

The money smelt, and earned, by the adventurers of this story of the real-life 2008 world economic meltdown is arguably tainted by bad karma. Based on a book by Michael Lewis, “The Big Short” is about how several traders and hedge fund managers made fortunes because they saw that the housing market’s decline would cause a collapse of bonds contrived from sub-prime mortgages. The terminology is both dry and dizzying, the machinations incredibly convoluted. The main thesis of the story, adapted for the screen by director Adam McKay and his co-screenwriter Charles Randolph, is that as banking became the top industry of the United States, bankers deliberately concocted Byzantine financial tools whose main function was to help the rich get richer and screw over the little guy. You can expect a lot of pushback against this film of the “where do these affluent Hollywood types get off criticizing income inequality” but that won’t mean the movie is wrong.
And it really is quite a movie: entertaining and engaging, but also mortifying; a good alternate title might be “American Horror Story.” The film intertwines three discrete storylines. The first focuses on Christian Bale’s Michael Burry, a trained physician with very stunted social skills whose genius at analysis and numbers-crunching found him running a very successful West Coast hedge fund. After finding some terrifying data within the structures of a large number of mortgage bonds, he concocts a radical idea: to “short,” that is, bet against, the housing bond market, which the banks have puffed up as being unassailable. To do this he has to convince those banks to create a new financial tool, a kind of bond insurance policy. If Burry’s right and the market collapses, he and his hedge fund make stupid money. But for as long as the market stays stable, Burry and his fund are obliged to pay stupid money in premiums.
McKay is best known as the director of such comedic fare as “Anchorman,” and, for all the silly self-reflexive humor in those films, there’s a sly underlying intelligence animating them, and here that takes the form of celebrity cameos wherein attractive people such as Margot Robbieand Selena Gomez directly address the audience with cogent and colorful explanations of terms such as “sub-prime.” He also enlists “Anchorman” rep company member Steve Carell for one main role, as financial Prophet of Doom Mark Baum, whose own fund gets a whiff of what Gosling’s character is smelling and takes a piece of the action, in a partial fit of “screw the system” indignation. Carell’s self-torturing character is likely the closest thing this movie has to a directorial surrogate. Finn Wittrock and John Magaro play a couple of Jim Henson’s Hedge Fund Babies, mentored by Brad Pitt’s Ben Rickert. Rickert’s character can be read as something of a slight sendup of Pitt’s own current do-gooder persona; he’s a former master trader who left the game out of disgust, and who preaches a hippie-ish quasi-survivalist gospel to his two young acolytes even as he helps them get pretty much super-rich.
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I started off feeling skeptical about this movie: the hairstyles and clothes of the main characters were more ‘90s music-video than early 2000s, and the sometimes-color-desaturated flashbacks to some characters’ back stories were a little on the drearily commonplace side. But the narrative momentum, combined with the profane wit of much of the dialogue, and the committed acting going on beneath the hairpieces, all did their job. And they got across the angry, pessimistic conviction behind the movie, which is that the major banks all engaged in fraudulent, criminal activity, and that the U.S. government bailed them out at the expense of the little guy, and that there’s no indication that the banks aren’t going to do something like the exact same thing all over again. You are free to disagree. But this is a movie that uses both cinema art and irrefutable facts to make its case. It’s strong stuff. 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para contrastar la información de Burry, ellos se desplazan a Florida para hacer una investigación de campo que les permite ver lo fácil que es endeudarse con una o varias propiedades, incluso sin presentar una identificación o sin que el banco se preocupe por la capacidad financiera del comprador. No cabe duda de que hay una importante burbuja inmobiliaria y de que los bancos están muy expuestos.

 

 

El narrador es Jared Vennett (Ryan Gosling), un ambicioso, astuto y carismático empleado de  Deutsche Bank, que en varias ocasiones rompe la cuarta pared para dirigirse al espectador. Él nos conduce por el intrincado mundo de las finanzas ayudado por personalides como Margot Robbie o Selena Gomez o incluso un famoso chef que explican algunos mecanismos o tecnicismos del mundo financiero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VOLVER A MY FAVOURITE RYAN GOSLING

 

 

Michael Burry (Christian Bale) es el administrador de fondos de cobertura de Scion Capital. Dedicado a leer e interpretar números, él pronto se percata que el proceso especulativo del mercado inmobiliario de Estados Unidos –los préstamos otorgados a personas que difícilmente podrán pagarlos– provocará una prolongada y anormal subida de intereses en las mensualidades de las viviendas, que impedirá que los deudores sigan pagando, y que eventualmente hará que las acciones inmobiliarias caigan hasta dejar a los bancos sin capital.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por otra parte Vennett, hábil y astuto como es, se entera de las maniobras de Burry y, como inversionista, cree que él también puede sacar provecho del diagnóstico que le parece acertado. Debido a una llamada telefónica, Mark Baum (Steve Carell), un pseudorrebelde harto de la corrupción en la industria financiera que siente rabia al ver cómo un sistema económico se aprovecha de la gente, decide, acompañado de sus colaboradores que trabajan bajo Morgan Stanley (entidad financiera que funciona como banco de inversiones y agente de bolsa), invertir en la propuesta de Vennett a pesar de no confiar plenamente en él.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En La gran Apuesta se nos cuentan varias historias relacionadas con la crisis financiera de los años 2007 a 2010, conectada con la implosión y la explosión de burbujas afectadas por negociaciones altamente especulativas en el mercado de la financiación de viviendas. La película ha sido recibida positivamente, nominada a los premios Oscar de 2016 en cinco categorías (mejor película; mejor director, Adam McKay; mejor actor de reparto, Christian Bale; mejor guion adaptado y mejor montaje. El tema presentado es serio y preocupante, habiendo dado origen a una crisis financiera mundial, pero se lo presenta de una manera bastante creativa que atrae a los espectadores por el desenfado con que se comportan los protagonistas y por la forma en la cual se intentan definir, con claridad y con humor, los intrincados nombres de los papeles que se negocian y de las operaciones que se llevan a cabo, a través de la aparición inesperada en el filme de personajes famosos, que aparecen meramente para explicar a los espectadores tales significados.

Las historias nos describen intervenciones de diversos negociantes y especuladores del mercado futuro de los valores, cuyas personalidades hacen parte fundamental de la trama. Se convierte así el filme en una exploración del alma humana, de las motivaciones que subyacen a aquellos que buscan apostar y ganar y de los sentimientos que se generan cuando se está al borde del precipicio y del desastre, o cuando se están ganando enormes cantidades de dinero, simplemente porque alguien se equivocó de tal manera que da ventajas… sin realmente saberlo hasta el último instante.

Brad Pitt en La gran apuesta

El ambiente de las historias es dramático y de comedia a la vez, ya que el espectador no deja de sorprenderse y de reír, si bien de manera tímida, ante los malabares y los merecidos sufrimientos de los personajes y ante la naturaleza altamente especulativa de los mercados de intercambio y de futuros a los cuales se enfrentan bancos, empresas calificadoras de riesgo y las empresas corredoras de bienes, que juegan con los papeles especulativos.

En todo se deja ver un enorme egoísmo, el brillo de egos exaltados. Es como si el manejo de grandes flujos de dinero y de las transacciones asociadas diera lugar a la generación de especies de gusanos o de bacterias, que dañan las mentes de los protagonistas, atrapándolos con excitantes imágenes de poder y de gloria.

Todo se inicia con diversas intuiciones que aparecen en las mentes de personajes, casi todos de naturaleza excéntrica, que se convencen de que una burbuja está a punto de estallar y deciden aprovechar esta situación negativa, que la comunidad de los corredores bancarios o incluso empresariales no alcanzan a advertir o a reconocer, para sus propios fines y necesidades de fama y de poder. Hacen entonces la gran apuesta, generando un tipo especial de operaciones contra esas debilidades. Debilidades que resultan de la gran euforia que se genera, cuando se permite que las personas adquieran propiedades de vivienda sin límite y sin capacidad real de pagar por ellas, a base de préstamos respaldados por hipotecas sobre el bien que se adquiere. Estas hipotecas son objeto de negocios y transacciones en mercados secundarios, sobre las cuales se generan inversiones de gran rentabilidad y en apariencia, de bajo riesgo, estando respaldadas por bienes reales. Solo que eventualmente los compradores de las viviendas no podrán pagar y ello va a suceder de manera creciente y exponencial, generando la crisis y la quiebra de bancos y de inversionistas, cuando la falta de pagos deja de alimentar a la burbuja especulativa. En ello salen gananciosos estos personajes excéntricos, y así es como los conocemos.

La gran apuesta, fotograma

Se nos presenta la creatividad humana aplicada a la operación y a la manipulación maliciosa, la que da lugar a falsas ganancias. Nos preguntamos qué pasaría si tal inteligencia creativa se orientara a crear valores reales, logrando que el dinero fluya para respaldar proyectos benéficos y permitiendo que las ganancias iluminen a las personas y estimulen su capacidad de compromiso y de servicio. ¿Es mucho pedir, es imposible y utópico en extremo? Quizás no. Por ello es que un muy buen conjunto de actores se han comprometido con este filme, dejando expresiones y huellas en la retina del espectador que lo ponen a pensar y a imaginar con la posibilidad de que jugar con la ambición pudiera convertirse alternativamente, en apostar a la construcción de prosperidad y de solidez. Esa sí que sería una gran apuesta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En un tercer escenario aparecen Charlie Geller (John Magaro) y Jamie Shipley (Finn Wittrock), dos jóvenes motivados que buscan hacerse millonarios invirtiendo en la bolsa. Sin éxito intentan introducirse en el mundo de los importantes brokers. Al enterarse por casualidad de las movidas de Burry y Vennett, deciden llamar a un viejo amigo llamado Ben Rickert (Brad Pitt), un retirado y desencantado banquero que posee los contactos suficientes para ayudarles a ser admitidos en el mundo de la bolsa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En este contexto, esto significaba, como lo señala el personaje de Brad Pitt, “apostar contra el sistema económico estadounidense”, esperando el colapso de la economía mundial. La jugada radica en que los protagonistas ganan mientras todo el mundo pierde (los bancos pierden liquidez y el valor de sus acciones; los ciudadanos comunes: empleos, casas, pensiones, ahorros, seguros). Esta acción podría colocar en un terreno moralmente pantanoso a los personajes principales. Sin embargo, el verdadero cinismo y crueldad radica en el modo de actuar de los banqueros y sus empleados.

 

 

A parte de ser un genio con los números, es el único que considera necesario analizar el contenido de las hipotecas y el índice de demoras, por lo cual descubre que la llamada “burbuja económica” estallará en solo unos años, específicamente, en el primer trimestre del 2007. Christian Bale interpreta a un brillante neurocirujano, aficionado al speed metal y socialmente torpe, que se convierte en el primero en identificar la fragilidad del mercado hipotecario, bajo las condiciones que él mismo se ha impuesto.

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando Burry acude a los grandes bancos de Wall Street, empezando por Goldman Sachs, para hacer “la gran apuesta” de millones de dólares en contra de los valores respaldados por las hipotecas, los banqueros se ríen de él. Ellos piensan que es una locura y aún así permiten que ejecute esa apuesta sin cuestionar, confiando que el dinero solo los enriquecerá aún más. Están totalmente cegados por la inercia de la avaricia. En todos los niveles –tanto en Wall Street como en la población estadounidense– permea una cultura de acumulamiento, que evita que siquiera puedan ver las consecuencias a mediano plazo de su manera de consumir. Más indignante aún es la manera en la que se construye el sistema de préstamos inmobiliarios, como un laberinto diseñado para seguir inflándose hasta reventar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La gran apuesta no es la primera película que se centra en los fraudes y en las irresponsabilidades que llevaron, hace apenas unos años, a la economía mundial al borde del colapso, y cuyas consecuencias se siguen viendo en la miseria social y en la alienación política que se vive en Estados Unidos y en otros puntos del globo terráqueo. Inside Job (2010), el documental de Charles Ferguson, exploró las fallas regulatorias, intelectuales y éticas que llevaron a la crisis; J. C. Chandor en su drama Margin Call (2011) reconstruyó minuto a minuto el estallido de la burbuja hipotecaria en 2008; mientras que 99 Homes(2014), de Ramin Bahrani, mostró las consecuencias de la crisis al retratar a un hombre que busca recuperar la casa donde vivía con su familia.

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ELENCO
 
Ryan Gosling Jared Vennett
Christian Bale Michael Burry
Steve Carell Mark Baum
Brad Pitt Ben Rickert
Marisa Tomei Cynthia Baum


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DATOS DE INTERÉS  
Género Comedia dramática
Año 2015
País Estados Unidos
Director Adam McKay
Guión Adam McKay
Duración 130 minutos
Presupuesto 28.000.000 US $
Recaudación 132.300.000 US $

 

Todos estos personajes, al darse cuenta de que una catástrofe económica de épicas dimensiones se aproxima gracias a las deudas inmobiliarias de intereses variables que están acumulando los ciudadanos estadounidenses deciden apostar en contra de la posibilidad de pago de los deudores, y así enriquecerse a costa de lo que ni los propios bancos son capaces de ver: que los intereses se elevarán hasta colapsar a la banca. De ahí el título original del filme: “The Big Short” es un término empleado en Wall Street para “ir en corto”, comprando acciones que en un principio tienen muy alto costo pero que tendrán una altísima ganancia conforme otras acciones (las del mercado inmobiliario) caigan.

 

Aunque resulta difícil la tarea de contar una historia sobre los acontecimientos que condujeron a esta caída económica, La gran apuesta no sólo busca explicar la crisis financiera, sino también pretende desembrollar la jerga financiera que se encarga de complejizar maniobras que, dichas en lenguaje común, resultan absurdas, para cualquiera que tenga sentido común, y, al mismo tiempo, criminales. Para ello, el director recurre a las breves participaciones del chef Anthony Bourdain y del economista Richard H. Thaler, entre otros, quienes se convierten en amenos profesores que explican los puntos más finos y sutiles del camino de las finanzas que llevó directo a la crisis.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Después de ver La gran apuesta, uno dejará de ver como histéricos y exagerados a los que prefieren guardar sus ahorros debajo del colchón o esconder el dinero en efectivo en varias partes de la casa. La propuesta de McKay recurre al sarcasmo y la ironía para desentrañar el cinismo, la hipocresía y la corrupción de un sistema económico que rinde pleitesía a Wall Street, una entidad que vive, entre lujos e inmoralidad, del progresivo endeudamiento de la sociedad, de su ciega confianza y dependencia en un sistema que especula con su esfuerzo y trabajo, y que, conforme se engorda en cifras, hunde más y más a quienes lo sostienen, sabiendo que quienes al final asumirán el riesgo serán los que estén abajo.

 

Adam McKay es astuto e inteligente para lanzar una sutil crítica contra la cultura machista que opera en el ámbito bursátil y en la industria de Hollywood, apoyándose de las breves y deslumbrantes apariciones en pantalla de Margot Robbie y Selena Gómez, quienes una vez que capturan al espectador con sensualidad y belleza, comienzan a explicar las permutas del riesgo crediticio, las obligaciones de deuda garantizadas, la seguridad de hipotecas y los préstamos autónomos. Incluso, hay una elegante metarreflexión hacia el quehacer cinematográfico hollywoodense; para muchos filmes de la industria hay mayores posibilidades de atraer al público adulto si, por ejemplo, hay una escena al interior de un club de striptease, así que McKay, desenfadadamente, incluye una escena en un centro nocturno con sensuales bailarinas, para, de manera osada y divertida, revelar una burla hacia él mismo y al sistema al que pertenece.

 

Hay un epílogo en el que se resume el destino de todos los personajes involucrados, incluyendo los banqueros. Una vez que las luces de la sala se encienden, se respirará un sentimiento de injusticia: a pesar de que la población estadounidense pagó por el rescate económico, sólo un banquero, un chivo expiatorio, ni siquiera un pez gordo, fue a la cárcel. Como cachetada con guante blanco contra el espectador, la película nos hace darnos cuenta de cómo existen sucesos importantes que se originan y se desarrollan enfrente de nuestras narices, pero estamos demasiado distraídos en los chismes de las celebridades, preocupados por el número de seguidores en redes sociales y ensimismados en los nuevos smartphones, como para darnos cuenta e interesarnos en temas financieros y económicos que tienen un impacto directo en nuestras vidas.